La teta asustada

 

Ante un embate comercial que se caracteriza por presentar cintas palomeras que permanecen varias semanas en exhibición, pocas son las películas distintas  que sobresalen a pesar de ser poco publicitada y de un carácter muy intimo.

 

Tal es el caso de la película peruana La teta asustada, segundo largometraje de la directora Claudia Llosa que se distinguió en todo el mundo por una construcción intrínseca, inesperada e interesante.

 

La trama es sobre Fausta quien padece la enfermedad conocida como la teta asustada que se transmite por la leche materna transfiriendo el terror al hijo, recluyéndola del mundo, pero cuando muere su madre tiene que enfrentarse al exterior para poder pagar su entierro.

 

Basándose en  un lenguaje pausado la directora funde escenarios barrocos con el letargo de la protagonista, plasmando un escenario solitario y sugestivo.

 

La actuación de Magaly Solier como Fausta es admirable demostrando la tristeza y miedo de una mujer en un mundo ajeno y aislado, con grandes momentos de soledad y atino en el manejo de las expresiones.

 

Una gran cinta poco comprendida que no goza del tiempo merecido para que pueda ser apreciada. Un buen ejercicio cinematográfico original, con buena trama y ejecución.